"Cuchillo de Obsidiana, ¡ahhh! Delicia visual tu sutilidad para cortar, golosina auditiva el crujir de la piel mientras se abré al pasar esta sobre tus irregulares aristas.
Durante años siempre te use para luchar contra Dios, ese que escribe Todo y que por Su voluntad resulta todo. No existió, no hay, no existirá Nada que se le resista."
Banmartar se repetía mientras jadeaba tratando de levantarse. No recordaba cuando había sido la última vez que un golpe lo sacudiera de esa manera. Frente a el, otro maestro de guerra, listo para rematarlo. Un hombre de la misma edad que Banmartar, sostenia con la mano derecha su cabeza por la nuca. En la otra mano sostenia en el aire una especie de picahielos listo para partir la frente de Banmartar.
"El Poder de Uno para resisitir su divinamente maliciosa influencia, Poder capaz de oponersele solo se encuentra en Sus peores pesadillas."
Comenzaba a desvariar Banmartar a causa las hemorragias internas producto de la brutal golpiza, o al menos eso pensaba el otro maestro de guerra. Curioso muchachito impertinente, ¡bastardo jovenzuelo! demasiado joven para ser tan arrogante, imbecil mal parido, se decía para si mismo el maestro de guerra victorioso.
"Dios te opones a mi, obstaculizas mi camino a todo cuanto deseo y anhelo. Me maldijiste sin padres, sin hermanos, sin amigos, sin hogar. Siempre haciendo Tu Santa Voluntad. Eres lo peor que existe en el universo. ¡Te Odiooo-oh-ohhhh-ohgh.*!" Berreo y blasfemo Banmartar antes de perder la conciencia a causa de un rodillazo propinado en seco sobre la sien.
Le Bonfua estaba harto de este patético acto de pusilanimería. Soltó la cabeza de Banmartar la cual se estrello cuasi instantaneamente en el lodo del campo de batalla. Se limpio el sudor y la sangre de la mano en su pantalón y guardo su picahielos en una funda de cuero que llevaba atada a su cinturón. Pateo violentamente el cuerpo inerte de Banmartar el rodó un par de metros en el lodo con la misma gracia que una pila de abono hasta finalmente quedar boca arriba. Le Bonfua le miró con desprecio brevemente, y dijo mas para sí que para el inconciente Banmartar: Sería una desgracía para mi persona matar a semejante cobarde. Alguién que se hace llamar hombre y que es incapaz de aceptar sus fracasos como propios. Decir que te vencí me llenaría de verguenza, y me ofendería que me lo recordarán. Espero que vivas en la verguenza y la autocompasión el resto de tu vida. - ¡Aghh, eres despreciable! - Gruño Le Bonfua escupiendole un escupitajo verde, viscoso y de gran tamaño en el rostro del magullado Banmartar.
Al retirarse de la escena, Le Bonfua miró algo que llamo ingenuamente su atención, algo que recordó el resto de su vida: sostenidos tensamente en las manos de Banmartar un cuchillo de Obsidiana y otro de Marfil, aferrados a la mano izquiera y derecha respectivamente. - Un afán admirable en tan ufano andrajo humano... -
Banmartar también recordó aquel dia por el resto de su vida.
2 comments:
me gusta me gusta.. la parte que más me llamó la atención son los últimos renglones... simplemente me dejó intrigada... me gusta me gusta..
Me gusto Willy :) salu2
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